Año 1983

Carnaval 1983 La respuesta popular en el carnaval del 82 hizo que algunos comerciantes empezaran a movilizarse, aunque de forma tímida, hasta el punto que fue mayor la demanda que la oferta en ropas y objetos de disfraz.

Mientras los adultos optaron por devenir árabes, los jovencitos vivían sueños de fantasía bajo trajes de hombre-araña, mosqueperro, tuno, payaso, princesa, mora...con maquillajes adecuados.

Otros buscaban emociones más fuertes con la ayuda de máscaras de viejos, brujas o monstruos. Los días previos ya se respiraban aires de carnaval.

Este ambiente propicio llevó a un entusiasta miembro de la Comisión Ciudadana a afirmar: “los carnavales de Mérida serán los mejores de España, tras los de Tenerife y Cádiz”. Días antes de que Xavier Domingo diera el pistoletazo de salida hablándonos de “el poder de la risa contra el miedo” se proyectaron tres películas que tenían relación con el tema y una exposición de Juan Carlos Núñez Crespo.

Obdulio puso el cartel y el colorido y la belleza tuvo sus padrinos en los reyes infantiles María Teresa y Antonio Amores Valverde y en los adultos Eduardo Acedo y María Teresa Jiménez. En la Casa de la Cultura, con un repertorio obligado de dos canciones, y con el cantautor extremeño Paco Martín en el jurado, compitieron “La Estudiantina”, “Ali Baba y los 40 ladrones”, “La Marara” y “Los aviadores Dro”, quedando clasificados por este orden.

Un local desnudo en la calle Arzobispo Mausona acogería a un público marchoso, sorprendido por una invitada de excepción que alteraría, no solo lo programado sinó la vida de todos los emeritenses. La Nieve cubrió la ciudad en la noche del 11 y Mérida amaneció blanca. Padres e hijos ocuparon las calles, el teatro romano y hasta el campo de futbol. Muñecos, batallas campales “a bolazo limpio”, y alegría fueron los protagonistas en un día espléndido de sol.

El desfile infantil quedó un poco deslucido debido al estado de las calles, y eso que el Ayuntamiento había esparcido más de mil kilogramos de sal en los lugares de mayor aglomeración de público.

Este desfile acabó en la Casa de la Cultura donde la Berenjena Escénica ya había empezado la representación que hubo de interrumpir hasta que se acomodaron todos. Con Agustín del Olmo, como concejal delegado de festejos, en su primer año de mandato, los carnavales de Mérida del 83 coparon la atención de todos entre el 11 y 15 de febrero y tuvieron un valedor de excepción con la presencia contrastada, pero sin publicidad, del Presidente de la Junta disfrazado.

Los pasacalles, el segundo desfile infantil y una película para los pequeños ocuparon la mañana del domingo, antes de que las carrozas hicieran su aparición. Hubo muchas pero solo concursaron diez y, entre estas, fue la “Merienda de negros” la ganadora, seguida de “Nigth Club” y “Scala 83”.El premio al mejor disfraz individual fue para E. T. El desfile de monstruos no llegó a celebrarse por falta de participantes.

Por el contrario, el baile de disfraces en el Hogar del Pensionista resultó multitudinario, abundando los trajes regionales. Es curioso que, entre todos los “trapos” que uno pueda guardar en un baúl, se desempolve justamente el traje regional para utilizarlo como disfraz. ¿Sería por reivindicar algo propio... o caben otras lecturas? La declaración del martes como festivo animaría a que la verbena se prolongara en la noche.

A ello contribuyó la sangría que, de forma gratuita, se ofreció a los presentes. A las pocas horas, matiné con disfraces. En la calle, el II Rallye del Carnaval consistente en pruebas tales como: contar las puertas de una calle, encontrar diferentes animales, bebidas o cintas de cantantes antiguos, e incluso concejales que no fueran tenientes de alcalde. Al final, no sería la Plaza de España sino la Avenida Fernández López sin corte del tráfico—quien acogió la prueba. Entre los 5 vehículos participantes fue un barco pirata el ganador, seguido de una caravana. Los más rápidos en realizar las pruebas fueron los “Indios Sioux” y “la Viuda alegre”.

La mala organización, la carencia de un equipo de megafonía y la falta de visibilidad hicieron que el público fuera abandonando poco a poco este improvisado escenario. Por la tarde, velatorio y posterior entierro de la sardina con llegada a la caseta. Desde allí, a la Plaza de España para la gran cohetada. Todavía a algunos le quedaron fuerzas para la verbena que daría fin a unos carnavales en progresión y que todos recordamos como Los Carnavales de la Nieve.

PREGÓN 1983 PREGONERO: JAVIER DOMINGO

El Carnaval es la fiesta de la Risa contra el Miedo y la Risa es, sin ninguna suerte de duda, el arma más terrible, el arma disuasoria más efectiva y el arma efectiva más efectiva, más mortal contra el Miedo.

Por eso y durante tantos y tantos años, las fuerzas del Miedo tuvieron prohibido el Carnaval en España. Siempre fue así, en realidad, pero en los tiempos modernos el Carnaval y su sentido de fiesta de la Risa contra el Miedo, se dirigen contra miedos mucho más fuerte, difuso y dañinos que los que agobian a los hombres y a la mujeres del Medievo, cuando los carnavales eran días de mofa y befa de todo poder establecido, pero en definitiva y por lo menos durante los días de carnavaleros, tolerante y sabio. Entonces los hombres y las mujeres salían a la calle enmascarados o disfrazados con los oropeles de las gentes del poder, señores feudales, reyes y altos clérigos, para reírse de ellos.

Hacían remedo de sus costumbres depravadas y, durante los días permitidos, daban rienda suelta a sus deseos más lúbricos y más golosos. El cachondeo era grandioso, por que se atribuía al poder de aquel entonces una fantasía capacidad de cachondeo. Por terrible que fueran las amenazas milenaristas, plagas o pestes y profecías de Apocalipsis, siempre estaba claro que quienes esgrimían esas amenazas a fin de meter a la gente en vereda, tenían que tener en cuenta la voluntad final del dios que ere el mismo para los ricos y para y para los pobres. Un dios que lo resolvía todo y cuyo perdón, definitiva, se podía contar si uno se tomaba por unos días la libertad de pecar con desenfreno y con la venia, por supuesto, de la autoridad competente. Así que el miedo al que la risa vencía entonces, eran un miedo, por decirlo así, corriente y de estar por casa. Era un miedo a hombres que ostentaban el poder pero que estaban a su vez sometidos a un rigor superior, a la posible venganza del cielo, del mismo cielo que les castigaba o les perdonaba a ellos, hombres iguales a los del poder frente a la suprema dignidad.

Hoy, quiérase o no, las cosas han cambiado, Hoy la Risa tiene que destruir miedos infinitamente más consistente y concretos, mucho más inmediatos y reales. Miedo que no dependen tanto de las condiciones atmosféricas cuando la capacidad de previsión de los gobernantes. Hoy los fantasmas del milenio contra los cuales combate la Risa son más carnalmente angustiosos, lo son en todos los niveles de la persona humana y el veneno del miedo ataca todo nuestro sistema, empujándonos a la mayor desesperación y a los actos más extremos. Los fantasmas del Miedo son tan dramáticos que se llaman crisis, paro, terrorismo, y amenazas de guerra nuclear.

La mención diaria y repetida de estas palabras acaba calando hondo en nuestro ánimo y, todo hay que decirlo, de ellos se aprovecha todos cuantos solicitan nuestro papel para llegar al poder contra ese miedo, la Risa de los carnavales de hoy en Mérida, también tiene que tener otro sentido y otra profundidad. Ha de ser, en primer lugar, el canto veraz del optimismo y de la fe en nuestras tierras y en la capacidad de nuestros hombres y mujeres para vencer al miedo y salir adelante.

Ha de ser el canto del amor a la vida ha de ser la voluntad de riqueza y de prosperidad, ha de significar la alegría del renacimiento, de una nueva infancia liberada y desinhibida, esa risa ha decir más allá del deseo y de la promesa de que queremos hacerlos, ha de ser la afirmación de que sabemos y podemos hacerlo. Esta ciudad de Mérida y estas tierras de Extremadura son propicias para el renacimiento de la Risa pagana y libre, porque son tierras de inteligencias y de corazones y de mano que saben extraer de la tierra los tesoros elementales del pan, del vino y del queso y porque han sabido conservar y preservar las delicias de las más suculentas de las carnes para los banquetes más exquisitos, la del cerdo de Iberia, ese animal familiar y totémico, que servido ya en cecina como decía Góngora o perfumado en fresco por los aromas del espliego que transforma vuestros campos en lecho para amores, hace dioses a los que lo consume porque es majar para dioses.

Esa Risa nuestra carnavalera ha decir también en esta ciudad de Mérida, que su triunfal pasado no es una tumba hecha con piedras gloriosas sino la garantía de que en los pechos de sus ciudadanos se alberga la ambición de un futuro todavía más grande. Tenéis la suerte, hombres y mujeres de Mérida, de ser romanos de herencia y eso quiere decir, sobre todo, cultura y libertades sobre las cuales basar un mundo nuevo más justo, fraternal y feliz.

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