PREGÓN 1983 PREGONERO: JAVIER DOMINGO
El Carnaval es la fiesta de la Risa contra el Miedo y la Risa es, sin ninguna suerte de duda, el arma más terrible, el arma disuasoria más efectiva y el arma efectiva más efectiva, más mortal contra el Miedo.
Por eso y durante tantos y tantos años, las fuerzas del Miedo tuvieron prohibido el Carnaval en España. Siempre fue así, en realidad, pero en los tiempos modernos el Carnaval y su sentido de fiesta de la Risa contra el Miedo, se dirigen contra miedos mucho más fuerte, difuso y dañinos que los que agobian a los hombres y a la mujeres del Medievo, cuando los carnavales eran días de mofa y befa de todo poder establecido, pero en definitiva y por lo menos durante los días de carnavaleros, tolerante y sabio. Entonces los hombres y las mujeres salían a la calle enmascarados o disfrazados con los oropeles de las gentes del poder, señores feudales, reyes y altos clérigos, para reírse de ellos.
Hacían remedo de sus costumbres depravadas y, durante los días permitidos, daban rienda suelta a sus deseos más lúbricos y más golosos. El cachondeo era grandioso, por que se atribuía al poder de aquel entonces una fantasía capacidad de cachondeo. Por terrible que fueran las amenazas milenaristas, plagas o pestes y profecías de Apocalipsis, siempre estaba claro que quienes esgrimían esas amenazas a fin de meter a la gente en vereda, tenían que tener en cuenta la voluntad final del dios que ere el mismo para los ricos y para y para los pobres. Un dios que lo resolvía todo y cuyo perdón, definitiva, se podía contar si uno se tomaba por unos días la libertad de pecar con desenfreno y con la venia, por supuesto, de la autoridad competente. Así que el miedo al que la risa vencía entonces, eran un miedo, por decirlo así, corriente y de estar por casa. Era un miedo a hombres que ostentaban el poder pero que estaban a su vez sometidos a un rigor superior, a la posible venganza del cielo, del mismo cielo que les castigaba o les perdonaba a ellos, hombres iguales a los del poder frente a la suprema dignidad.
Hoy, quiérase o no, las cosas han cambiado, Hoy la Risa tiene que destruir miedos infinitamente más consistente y concretos, mucho más inmediatos y reales. Miedo que no dependen tanto de las condiciones atmosféricas cuando la capacidad de previsión de los gobernantes. Hoy los fantasmas del milenio contra los cuales combate la Risa son más carnalmente angustiosos, lo son en todos los niveles de la persona humana y el veneno del miedo ataca todo nuestro sistema, empujándonos a la mayor desesperación y a los actos más extremos. Los fantasmas del Miedo son tan dramáticos que se llaman crisis, paro, terrorismo, y amenazas de guerra nuclear.
La mención diaria y repetida de estas palabras acaba calando hondo en nuestro ánimo y, todo hay que decirlo, de ellos se aprovecha todos cuantos solicitan nuestro papel para llegar al poder contra ese miedo, la Risa de los carnavales de hoy en Mérida, también tiene que tener otro sentido y otra profundidad. Ha de ser, en primer lugar, el canto veraz del optimismo y de la fe en nuestras tierras y en la capacidad de nuestros hombres y mujeres para vencer al miedo y salir adelante.
Ha de ser el canto del amor a la vida ha de ser la voluntad de riqueza y de prosperidad, ha de significar la alegría del renacimiento, de una nueva infancia liberada y desinhibida, esa risa ha decir más allá del deseo y de la promesa de que queremos hacerlos, ha de ser la afirmación de que sabemos y podemos hacerlo. Esta ciudad de Mérida y estas tierras de Extremadura son propicias para el renacimiento de la Risa pagana y libre, porque son tierras de inteligencias y de corazones y de mano que saben extraer de la tierra los tesoros elementales del pan, del vino y del queso y porque han sabido conservar y preservar las delicias de las más suculentas de las carnes para los banquetes más exquisitos, la del cerdo de Iberia, ese animal familiar y totémico, que servido ya en cecina como decía Góngora o perfumado en fresco por los aromas del espliego que transforma vuestros campos en lecho para amores, hace dioses a los que lo consume porque es majar para dioses.
Esa Risa nuestra carnavalera ha decir también en esta ciudad de Mérida, que su triunfal pasado no es una tumba hecha con piedras gloriosas sino la garantía de que en los pechos de sus ciudadanos se alberga la ambición de un futuro todavía más grande. Tenéis la suerte, hombres y mujeres de Mérida, de ser romanos de herencia y eso quiere decir, sobre todo, cultura y libertades sobre las cuales basar un mundo nuevo más justo, fraternal y feliz.
