CARNAVALES 1990 La presentación de la primera comparsa infantil y el montaje de una carpa en la Plaza España no fueron las únicas novedades de unos carnavales que tuvieron como fechas oficiales las del 23 al 27 de febrero.
Desde la Organización se propusieron que el carnaval fuera a más y no racanearon ni los esfuerzos ni el dinero para conseguirlo. El presupuesto para estas fiestas fue de 13 millones, más los casi 5 que costó la carpa. Con premios importantes y una semana de adelanto sobre el resto de los concursos, se levantó el telón del carnaval 90 en el D.T. con la elección de los reyes.
Hubo 9 y 5 candidatos para rey y reina adultos y 36 para los infantiles. Carmen Amores, como “Noche de sol” fue la ganadora, opositando a “Reina vitalicia”, pues si bien este año ha concursado como adulta (con solo 15 años) los 4 anteriores fue coronada como reina infantil. Compartiendo trono con ella, Tomas Bravo Sánchez, un joven de 78 años, que lucía un magnifico disfraz “Brasil”, obra de sus manos. Tampoco para él era nuevo el título: ya fue rey en el 1985. Jesica Avellano y Luis Amores, con “Sueño de carnaval” y “Señor del universo” respectivamente serían los ganadores infantiles. En los días que siguieron, la expectación estuvo en la Plaza de España que se vio cubierta por una enorme carpa de más de 1500 m2. Las aulas de las guarderías, colegios e institutos cambiaron el ambiente de estudio por otro más festivo en la mañana del viernes. Horas más tarde llegaría el plato fuerte: el concurso de comparsas contó este año con tres grupos más que el pasado: Los Protestones que reaparecían, Los Escocíos, de profesión estudiantes, y muy jóvenes, y Los Cazurrinos.
Justamente serían estos últimos, alevines de Los Cazurros Romanos, los que abrirían el fuego, pero sin competir. 46 niños y niñas, por mitad “Angeles y demonios”, ejercieron de teloneros de los mayores y cautivaron a la concurrencia. Es curioso que este grupo viera la luz el año en que sus progenitores, vestidos de marineros, “hicieron agua”. De nuevo fue La Marara, con un original disfraz (sentados sobre retretes) los ganadores. Tras ellos Los Protestones, siempre dignos, y Los del Pozo que empezaron este año la escalada. Les siguieron los clásicos Los Cazurros Romanos, Los Eméritos, Nueva Ciudad y Los Escocíos.
Los honores de ver su cartel presidiendo los actos del carnaval 90 fueron para Segismundo Piédrola y los primeros pitos de los impacientes que esperaban la presencia puntual del pregonero de turno fueron para Paco Clavel, sustituto del inicialmente previsto Joan Manuel Serrat, que no pudo acudir. Vestido de pirata rico y lleno de adornos, Paco Clavel nos brindó, más que el guión de rigor, leído desde los balcones del Ayuntamiento, un pregón espectáculo sobre el escenario de una Plaza de España que estrenaba carpa. Las comparsas tuvieron este año una ayuda novedosa, o una competencia según se mire a la hora de animar el cotarro en la calle, en la caseta y en la plaza de toros.
Los aires de samba de un grupo de brasileños y brasileñas llenaron algunas calles de Mérida y los ojos de algunos adquirieron una expresividad inusual al contemplar con curiosidad no exenta de morbo la agilidad, exuberancia y sensualidad de estas jóvenes bailarinas. El tiempo se prestaba más a las “ropitas” de estas mulatas que a los trajes de algunos comparsistas. En la plaza de toros, con tres cuartos de entrada había más gente con ganas de juerga que de ver la clase y habilidades de las jóvenes promesas del toreo. Metidos en los tendidos de sombra repusieron fuerzas con chorizo, pestorejo y vino. El clima incitaba a lanzarse a la calle y en el desfile de la tarde hubo más de 2.000 personas disfrazadas.
Hubo premios en la categoría infantil en los distintos capítulos de individual con “Espíritu de fuego”, por parejas “Mickey y una mora”, y por grupos “Los Pingüinos”. Así mismo en el desfile de adultos fue “La India rica” la ganadora individual, “Los hermanos metemanos” en parejas, “San Pancracio” conseguiría el primer premio en grupos, y “Los Extremeños” lo harían en carrozas. El entierro de la sardina, por el contrario, no tuvo una presencia multitudinaria, más bien pecó de escasa y en su mayoría infantil.