PREGÓN 2011 Pregonero: PEPE VIYUELA (Vemos aparecer al pregonero vestido de Húsar. Se dirige a la concurrencia…)
¡Buenas noches, emeritensas y emeritenses! ¡Muchas gracias por este honor! El Carnaval es juego, la vida es juego y esta noche yo quiero proponeros uno. Hoy traigo dos disfraces, el que veis y el que me vais a ayudar a descubrir. El que veis representa el viejo poder, el de los sátrapas y dictadores, el mundo agonizante, la fuerza bruta impuesta al pueblo. En estos días asistimos al derrocamiento de varios de estos elementos. Derroquemos hoy en Mérida al dictador "Pepito de los Palotes". Vosotros, el Pueblo Soberano, tumbáis al poder caduco. Yo represento la crisis, las dictaduras, el horror, la represión, el que no quiere irse aunque lo estén echando y vosotros representáis la voz popular que clama y pide justicia y libertad. Como en una representación de teatro, ya tenemos repartidos los papeles. ¡Señoras, señores, la representación va a comenzar!
Está permitido hacer fotos y lo que a ustedes les dé la gana, la voz de la plaza pública va a hablar contra el tirano. (Mientras le abuchean él se va despojando de las vestiduras de húsar. Debajo lleva ropa de payaso. Se pone una nariz roja y continúa) ¡Gracias amigos y amigas, gracias! Gracias a vosotros todo puede cambiar, en el carnaval y en la vida. El carnaval nos trae el cambio, es la fiesta de invierno a las puertas de la primavera donde la vida renace.
Es casi tan antigua como la humanidad. Suena a saturnal, a lupercal y tiene reflejos sumerios, griegos y romanos. La voz de la historia recorre el carnaval. Y mucho más en Mérida, esta Emérita Augusta en la que pasear es sumergirse en la historia, en la raíz. Necesitamos creer que las cosas pueden cambiar, que la fuerza de la vida es capaz de remontar los malos momentos. Y por eso en carnaval nos disfrazamos y reímos, porque la risa regenera, da fuerzas para levantarse y seguir, la risa y la fiesta son trampolines para la convivencia. Y en esta época de crisis económica, de paro, de recortes, de medidas de austeridad, y vacas flacas, esta época del 110 por hora, de ley antitabaco, de subida de la luz, del petróleo en ascensión y la gasolina a más de 1 '30 el litro, de trajes diseñados por Gürtel, de corrupción y de jeta, de las tasas de los bancos y el hocico de los banqueros, de burbuja inmobiliaria, de controladores aéreos millonarios que hacen huelgas salvajes; en esta época en la que hasta los gatos del templo de Diana han sido expulsados de su casa por una obra que no a todos gusta; en la que los ex presidentes del senado son atracados mientras pasean con 2.000 € en el bolsillo, ¿dónde vamos a llegar?, en esta época, digo, el optimismo es más necesario que nunca, porque si alguna vez sobra pesimismo es precisamente cuando las cosas están jodidas. Por eso, ¡viva el optimismo! Y por eso os digo también que desde Mérida podemos cambiar el mundo. ¿O acaso la selección española de fútbol, flamante campeona planetaria, no se clasificó aquí para el mundial? Esto es una señal, amigos y amigas, jóvenes y jóvenas, emeritenses y emeritensas, podemos cambiar las cosas. ¡ Somos capaces!. ¡Otra señal más de esperanza!: este año nuestro Carnaval cumple treinta años desde que saliera de la oscuridad franquista, que quiso sepultarlo para siempre y no pudo, ¡treinta años!, puede que veinte no sean nada, pero treinta son dos veces quince, dos niñas bonitas. Y hablando también de doses, el 22 de mayo próximo, los dos patitos del mes de las flores, podremos votar de nuevo, otra fiesta más: la Democracia.
La voz del pueblo diciendo lo que quiere, decidiendo, y ese día de las urnas nos nacerá un nuevo alcalde, aunque parece que en este caso no será nuevo ni novato, porque concurren a las elecciones, entre otros, Ángel, Pedro y Antonio, el triunvirato de la experiencia, que ya saben lo que es mirar la ciudad desde el sillón consistorial. Serán en Mérida las elecciones del tres en uno, de la santísima trinidad, de las tres hijas de Elena, de los tres mosqueteros y su famoso "todos para una".
El futuro está en nuestras manos y en Emérita hoy se está muy "augusto", y más que se va a estar: tenemos jamón y vino de pitarra, (eso que no cambie, por favor), tenemos una charca que parece el Mediterráneo, con sus sirenas y sus focas, sus leones marinos y besugos; un puente que nos llevará al otro lado de la crisis; tenemos teatro romano, anfiteatro, pronto también el Teatro María Luisa hecho un pincel y un festival grecolatino al que se le ha abierto un portillo enorme de esperanza, para decirle al mundo que la cultura vive aquí, en el corazón de Extremadura, un corazón que late para irrigar las mentes y los espíritus de un planeta que se recalienta por los polos y se quema por el norte de África: cayó Mubarak, cayó Ben Alí, está cayendo Gadaffi, Mohamed VI canta el pobre de mí. Vivimos tiempos de cambio y es el pueblo el que decide, por eso es grande esta fiesta, porque vosotros y vosotras queréis mirar al futuro y decidir qué queréis, y si nos lo proponemos, tendremos el año que viene hasta el martes de carnaval festivo. ¡Muera la crisis, viva la fiesta; muera el pesimismo y renazca la alegría en nuestras calles y corazones! Vivamos la libertad que nos aporta el carnaval. ¡Viva Mérida! ¡Viva su Carnaval Romano! ¡Viva la madre que os parió!
