PREGÓN 1986 PREGONERO: FERNANDO GARCÍA TOLA.
EMERITENSES: De orden del señor Alcalde vengo a echaros el pregón de los Carnavales, y lo hago encantado pues los Carnavales me parecen una institución democrática que nunca se llevo bien con la tiranía y eso me produce una grata sensación de libertad. Los Carnavales deben ser expresión de la libertad popular y por eso yo os invito a la holganza , jolgorio, a la sátira , a la chirigota, a la burla, al pitorreo, al desquite de la época severa que nos ha tocado vivir. Como no podemos andar por ahí de sátiros de la gabardina, tahúres, proxenetas, estranguladores de Boston, asesinos a sueldo, sodomitas, vampiros , especuladores o usureros nos hacemos magistrados, ama de casa, albañiles, ingenieros, poetas sacristanes, peluqueros, dentistas, profesores, niños pensionistas, políticos o mercaderes. Usemos la imaginación en estos días, agarremos el disfraz y pongamos la vida patas arriba, Y salga el magistrado a la calle disfrazado de asesino, y el policía de ladrón, el medico de enfermo, el Ministro de Cultura de analfabeto, y el parado de Ministro de Trabajo. Pongamos verdes, rojo lilas y amarillos, Pongamos cuernos. Pongamos la nariz postiza e hinquemos el diente en las nalgas de algún Alcalde de Mérida, nalga emérita y augusta donde las haya. Todo el años es Carnaval y en estos tiempos mucho más.
Cantad y bailad, entregaos al jolgorio que la carne ociosa siempre es lujuriosa y el trabajo dispersa y la fiesta une. El trabajo es tajo por donde se nos escapa la vida: nos vamos al pueblo a buscar faena, a ganar el pan , a sudar el kilo, a arrimar el hombro lejos de nuestra gente y de nuestro paisaje. Y volvemos a la fiesta, y nos encontramos en la fiestas, y resucitamos en la fiesta. Y la ciudad nos recibe engalanada, en la fiesta, como una novia primeriza dispuesta para recibir al amante que viene a estallar en ella. Y vestimos nuestras ropas más extravagantes, las de la fantasía. Nos vestimos de caballo, de esqueletos, príncipes y mendigos, titiriteros, saltimbanquis, peregrinos de los sueños de la convivencias de la solidaridad, del amor. Y vestidos de Carnaval, durante unos días nos hacemos invisibles a la realidad la vida, está dentro de un disfraz, por eso nos esperanzamos al soñarlas y nos desengañamos al quitarle el antifaz y verle el rostro tal cual es.
Busquemos en el calor de los Carnavales el amigo perdido bullicio y la jarana, desnudémonos de la fatiga a la puesta de una moza de buen ver y bien estar, saludemos al vecino que no conocemos y hemos visto tantas veces, salgamos a la calle pro ver si encontramos algún forastero a quien acompañar. Humanicemos a la ciudad. Al pregonar los Carnavales quiero recordaros un derecho inalienable que la fiesta os reconoce y el trabajo os niega: el ser absolutamente inútil, el derecho a la pereza, al placer al amor que es el que a mi me parece ser verdaderamente derecho natural.
A fin de cuentas, las fiestas brotaron de la naturaleza. Desde la celebración de las primera cacerías con las tribus zampándose el dinosaurio (en el caso de que el dinosaurio no fuera de la OTAN y se zamparan a la tribu, cosa que ignoro y que me da completamente igual) al jubilo de los hombre de esta tierra cuando vieron que los granos se convertían en espiga, o que el mosto fermentado se transformaba en vino. Y las fiestas de Carnaval nacieron para echar fuera las pasiones que hervían en el pecho antes de recogerse en la Cuaresma, el desquite de los Carnavales. Como también me parece que debería echar este pregón todo al revés: Vosotros aquí arriba, en el balcón, y yo abajo recibiendo noticias de vuestra voz que quisiera ver como la voz de un pueblo esperanzado y libre, alegre y confiado. El pueblo arriba y el charlatán abajo, el pueblo cantándole la gallina a las autoridades, desprovista de disfraz, completamente desnudas. Pero parece que los cimientos consistoriales del mundo no fueron exactamente calculados para soportar el peso del pueblo vivo(otra cosa es el peso del pueblo en canal que, como sabéis , es más llevadero). Así pues la calle es vuestra, preñadla de colores, de música de amor y de alegría. Un beso.
