CARNAVAL 1991 El del año 91 es el décimo, el “X”, y de ahí su denominación popular como carnaval “porno”. Desde el Ayuntamiento, se tira la casa por la ventana, se llega a los doce millones y medio de presupuesto y la mitad de ellos se invierte en la colocación de una carpa gigante en la Plaza de España, que se llena a rebosar para escuchar a Joan Manuel Serrat en el pregón inaugural. Un emeritense, Juan José Alonso Ibeas fue el ganador del concurso para elegir cartel anunciador de la fiesta, que se inicia una semana antes en Disco Teatre, con la elección de los reyes.
La joven emeritense de 15 años, Cristina Campos, con el sugestivo nombre de “Ave del Paraíso”, y el cacereño algo más maduro Germán Morgado, con el de “Carnaval en Río” ganan un concurso en el que mejora la calidad, colorido y riqueza de los trajes, aunque no se puede decir lo mismo de la cantidad, ya que son sólo cuatro participantes en cada modalidad los que se presentan. Una parte muy importante en el premio de 100.000 pesetas que se lleva cada ganador, la tiene en el caso de la reina una carnavalera de pro en estos primeros años, María Teresa Alonso, que confeccionó e ideó el diseño de su traje, con la ayuda de la maquilladora Rosa Tallador. La actividad “estrella” del Carnaval abre de forma oficial la fiesta. Como siempre hasta ahora, el teatro cine María Luisa abre sus puertas a un nuevo concurso de comparsas y, por tercer año consecutivo, “La Marara” se hace con el primer puesto, seguido de “Los Cazurros Romanos” y la comparsa infantil “Los Sureños”, ya que al ser el primer año que hubo participación infantil las dos comparsas de este tipo, “Los Sureños” y “Los Cazurrinos” participaron en el concurso adulto, junto a “Los Escocíos”, “Los Eméritos”, “Nueva Ciudad”, “Los del Pozo”, y “Chicos de Chunga”, que inician su presencia en el carnaval. Todos pelean en buena lid por hacerse con los primeros puestos, que dan derecho a 150.000, 100.000 y 75.000 pesetas de premio. Hubo este año una innovación en el inicio del concurso y fue la actuación del cuarteto “Dos y dos no son cuatro”, un dúo integrado por Francisco José Prieto Bruñuelas “Zapa” y Nicasio Bravo Moreno, que se presentaron como “Chachas”. CARNAVAL 1991 Como quiera que el concurso llegó a las cuatro horas de duración, la comisión organizadora decidió dar a conocer el nombre de los ganadores en la carpa de la Plaza de España, que se había inaugurado en la edición anterior con un gran éxito, por lo que se encargó una ampliación a la misma empresa francesa, y allí, antes del inicio del pregón, se conoció el nombre de los ganadores. Era muy esperado el pregón del cantautor catalán, pero Serrat no respondió a las expectativas y pareció más un discurso oficial lo suyo que un pregón informal. El propio pregonero reconoció después que tuvo algún fallo y “si lo tuviera que hacer de nuevo lo haría de otra manera”. Los toros es otro de los aspectos destacados del carnaval emeritense en esta primera década. Así, el sábado día 9, se celebra en el Coso de San Albín un gran festejo con vaquillas de la ganadería de Isabel Núñez de Picado.
A la entrada de la plaza hay migas con vino para todos y al final un sorteo de regalos entre los asistentes. El domingo es el día del desfile de carrozas, grupos y toda clase de viandantes, que se concentran en la Avenida del Guadiana. La guerra del Golfo Pérsico tuvo un protagonismo destacado en el desfile. Así lo hizo Jesús Rodas, vestido de Saddam Husein y acompañado por un burro con misiles (primer premio al disfraz individual), o el colegio Giner de los Ríos en una carroza con la inscripción “el verdadero Carnaval está en el Golfo”. Hubo muchos cantos alusivos al conflicto bélico y una de las frases más coreadas fue “bombones sí, bombas, no”. El desfile lo encabezaron las brasileñas del grupo “Noches de Río”, que le pusieron la salsa y el ritmo de samba a un espectáculo que terminó dos horas y media después en la Plaza de España, donde se entregaron los premios.
Entre ellos, el segundo premio de carrozas a la asociación de vecinos de Bellavista (el primero quedó desierto); y , el primero por grupos de más de 20 personas a “Los Danzarines Emeritenses”, nacido para participar expresamente en el desfile y que no ha dejado de hacerlo en ninguna de sus ediciones desde su debut en 1985. Su disfraz era secreto del sumario y, como el traje de una novia, nadie sabía cómo era hasta el día del desfile, el único en que lo lucían. Hubo premios muy suculentos para los ganadores, desde las 100.000 pesetas para las carrozas o a los grupos de más de 20 personas, a las 35.000 pesetas del premio a las parejas o las 30.000 pesetas para el mejor disfraz individual. El lunes es el Día de la Atravesá, pero también cuando los niños se convierten en protagonistas con el desfile de sus grupos por las calles más céntricas. Este año hubo otra novedad, el concurso del regalo perdido, que consiste en buscar algo que la comisión ciudadana dice en el mismo momento y en un lugar céntrico y cercano a la plaza del Rastro, John Lennon y Plaza de España. La fiesta X se celebró en la matinal del último día, el 12 de febrero, en el recinto ferial.
Para conmemorar el décimo aniversario, la comisión invitó a 500 kilos de sardinas antes de comenzar a derramar lágrimas por su muerte. La mucha lluvia que cayó desde por la mañana deslució el festejo, que terminó con poco público en la calle para acompañar el velatorio, que tuvo lugar en la Plaza de Pizarro. Después en la Plaza de España fue la incineración. Después de siete ediciones, Cecilio Chacón vive su último carnaval como delegado de Festejos. ¿Pero fue la lluvia la única culpable de la falta de carnavaleros? Hay quien dice que este año empezó a notarse ya una menor presencia de disfraces en las calles. La década parece que se iniciaba mal para el Carnaval emeritense, aunque el “porno” tuvo una digna conmemoración.
PREGÓN 1991 PREGONERO: JOAN MANUEL SERRAT
Ciudadanas y ciudadanos de la muy ilustre ciudad de Mérida. Forasteros que desde cualquier lugar de España y parte del extranjero habéis venido a catar las mieles de estas tierras y la alegría de estas fiestas. Dos puntos. De Orden del Sr. Alcalde, se hace saber que, como es tradición y está mandado, como cada año por estas fechas -a excepción de aquellos tiempos no muy lejanos en los que la intolerancia y el temor a la alegría por parte de los que mandaban lo impidieron- de nuevo las mascaras y las comparsas se escamparán por la ciudad, porque así lo quiere cl pueblo, para gozo y regocijo de sus gentes. Así pues, las calles dc la capital de la Lusitania se han de llenar de lobos y caperucitas, de Mustafás de guardarropía, de enormes abejas Maya, de novias barbudas, monjas obscenas y brujas desdentadas.
Y durante estos días, romanos y cartagineses cantarán, bailarán y se emborracharán juntos, porque así está mandado que ocurra cuando llega el tiempo del carnaval. Carnaval. Del latín "Carni Levamen" , es decir, 'Alivio de la carne'. Hasta ahí, vamos bien. A mí, personalmente, lo de darle alivio a la carne siempre me ha parecido de lo más interesante. Soy un ferviente partidario de concederle a mis instintos elementales sus buenos momentos de libertad, aunque sea provisional y con fianza. Aprovechemos pues este tiempo de Carnaval, tiempo de orgía y de desenfreno, para hacer esa cura psíquica y social que tanta falta nos hace. Abramos la válvula de escape de los comportamientos reprimidos durante el resto del año y disfrutemos. Aunque para ello apenas nos concedan unos días, aunque nos marquen unos limites bien determinados por las Ordenanzas que no nos está permitido sobrepasar... Disfrutemos. Que menos da una piedra y de lo perdido saca lo que puedas. Pongamos el mundo patas arriba y, al igual que en las antiguas carnestolendas, que los siervos se conviertan en amos y a poder ser, viceversa.
Que, a salvo, detrás de sus máscaras, hombres y mujeres cambien de usos y costumbres, de aspecto o de sexo si así les viene en ganas. Rebelémonos contra el resto del año, contra esos días que transcurren monótonamente iguales, en los que nos obligan a disfrazarnos de lo que no queremos o lo que no nos gusta. Y salid sin miedo a la calle. Decía Calderón en uno de sus entremeses: "NO HAY QUIEN NO LE TEMA A LAS CARNESTOLENDAS", pero de estos hace muchos años y eran otros los Carnavales. Hoy nadie va por ahí arrojando salvado y harina a la cara del prójimo, sino es por joder y a mala leche. Ya no se queman estopas ni se corren gallos... A nadie se le ocurre mantear perros, gatos o peleles... Ni apedrearse con huevos y naranjas... Ni fustigarse con porras y vejigas, costumbres todas ellas muy arraigadas en nuestros ancestros.
Aunque , eso sí, de aquellos tiempos se ha conservado la buena costumbre de que comparsas y chirigotas, mediante esos personajes que durante el resto del año abusan de nosotros, nos amargan la vida y nos hacen sentir insignificantes, sientan en sus carnes el flagelo popular de las coplas de las comparsas, en justo reconocimiento a los méritos adquiridos. Así que pónganse la nariz de cartón. Ajústense la peluca de esparto y, unidos en la fiesta, abrácense a su adversario aprovechando que no le reconoce porque, los comportamientos del Carnaval no son libres, son obligados. Hay que reírse y dar rienda suelta a los apetitos, no de una manera formal y cumplidora sino con exceso... A tope.. Aquí sobran los siesos, los aburridos y los plomos... Aquí el muermo y los que lo fomentan, están de más... Que como bien dijo Juan del Encina y yo no soy quién para contradecir: Hoy comamos y bebamos y cantemos y holguemos que mañana ayunaremos... Y añado yo: Si queremos... A vivir que son dos días y hacedme un lugar entre vosotros.