PREGÓN 1991 PREGONERO: JOAN MANUEL SERRAT
Ciudadanas y ciudadanos de la muy ilustre ciudad de Mérida. Forasteros que desde cualquier lugar de España y parte del extranjero habéis venido a catar las mieles de estas tierras y la alegría de estas fiestas. Dos puntos. De Orden del Sr. Alcalde, se hace saber que, como es tradición y está mandado, como cada año por estas fechas -a excepción de aquellos tiempos no muy lejanos en los que la intolerancia y el temor a la alegría por parte de los que mandaban lo impidieron- de nuevo las mascaras y las comparsas se escamparán por la ciudad, porque así lo quiere cl pueblo, para gozo y regocijo de sus gentes. Así pues, las calles dc la capital de la Lusitania se han de llenar de lobos y caperucitas, de Mustafás de guardarropía, de enormes abejas Maya, de novias barbudas, monjas obscenas y brujas desdentadas.
Y durante estos días, romanos y cartagineses cantarán, bailarán y se emborracharán juntos, porque así está mandado que ocurra cuando llega el tiempo del carnaval. Carnaval. Del latín "Carni Levamen" , es decir, 'Alivio de la carne'. Hasta ahí, vamos bien. A mí, personalmente, lo de darle alivio a la carne siempre me ha parecido de lo más interesante. Soy un ferviente partidario de concederle a mis instintos elementales sus buenos momentos de libertad, aunque sea provisional y con fianza. Aprovechemos pues este tiempo de Carnaval, tiempo de orgía y de desenfreno, para hacer esa cura psíquica y social que tanta falta nos hace. Abramos la válvula de escape de los comportamientos reprimidos durante el resto del año y disfrutemos. Aunque para ello apenas nos concedan unos días, aunque nos marquen unos limites bien determinados por las Ordenanzas que no nos está permitido sobrepasar... Disfrutemos. Que menos da una piedra y de lo perdido saca lo que puedas. Pongamos el mundo patas arriba y, al igual que en las antiguas carnestolendas, que los siervos se conviertan en amos y a poder ser, viceversa.
Que, a salvo, detrás de sus máscaras, hombres y mujeres cambien de usos y costumbres, de aspecto o de sexo si así les viene en ganas. Rebelémonos contra el resto del año, contra esos días que transcurren monótonamente iguales, en los que nos obligan a disfrazarnos de lo que no queremos o lo que no nos gusta. Y salid sin miedo a la calle. Decía Calderón en uno de sus entremeses: "NO HAY QUIEN NO LE TEMA A LAS CARNESTOLENDAS", pero de estos hace muchos años y eran otros los Carnavales. Hoy nadie va por ahí arrojando salvado y harina a la cara del prójimo, sino es por joder y a mala leche. Ya no se queman estopas ni se corren gallos... A nadie se le ocurre mantear perros, gatos o peleles... Ni apedrearse con huevos y naranjas... Ni fustigarse con porras y vejigas, costumbres todas ellas muy arraigadas en nuestros ancestros.
Aunque , eso sí, de aquellos tiempos se ha conservado la buena costumbre de que comparsas y chirigotas, mediante esos personajes que durante el resto del año abusan de nosotros, nos amargan la vida y nos hacen sentir insignificantes, sientan en sus carnes el flagelo popular de las coplas de las comparsas, en justo reconocimiento a los méritos adquiridos. Así que pónganse la nariz de cartón. Ajústense la peluca de esparto y, unidos en la fiesta, abrácense a su adversario aprovechando que no le reconoce porque, los comportamientos del Carnaval no son libres, son obligados. Hay que reírse y dar rienda suelta a los apetitos, no de una manera formal y cumplidora sino con exceso... A tope.. Aquí sobran los siesos, los aburridos y los plomos... Aquí el muermo y los que lo fomentan, están de más... Que como bien dijo Juan del Encina y yo no soy quién para contradecir: Hoy comamos y bebamos y cantemos y holguemos que mañana ayunaremos... Y añado yo: Si queremos... A vivir que son dos días y hacedme un lugar entre vosotros.
