PREGÓN 2001 PREGONERO: ÁNGEL VALADÉS EL CARNAVAL
Aunque estas fiestas del Carnaval están relacionadas con el cristianismo que las asimiló cuando no soterró intentando que desaparecieran sus significaciones mágicas y simbólicas y, con altibajos, hasta nuestros días llegaron, el carnaval son restos de las bacanales, saturnales y lupercales grecolatinas. Todos los pueblos de la Antigüedad se entregaban durante ciertos días del año al más completo desenfreno. Egipto, en honor de Apis e Isis. Incluso los hebreos, aunque los prohibía su religión, se disfrazaban de las asechanzas de Aman, terror de los judíos... Grecia y Roma celebraban las bacanales en honor de Baco, cuyas sacerdotisas corrían desnudas a través de los campos con el cabello suelto portando antorchas, y adornadas con un cinturón de hojas de parra, tocando la flauta mientras daban grandes gritos. A las bacantes seguía una turba de ninfas y un cortejo de hombres disfrazados de sátiros coronados de pámpanos, embadurnándose el rostro con los posos o heces del vino y fingiendo estar borrachos, o estándolo realmente. Durante los días que duraban las fiestas, esclavos y esclavas gozaban de libertad, vestían trajes de sus señores, en medio de grandes extravagancias y locuras, permitiéndose una conducta completamente ajena a la normalidad. España heredó esas costumbres de Roma, costumbre que se dejó sentir donde su presencia fue más acentuada.
Extremadura, nuestra Mérida, la Roma española, la primera ciudad de aquella España y la novena del mundo, entonces... Aún cuando nuestro académico, docto y entrañable -sencillo y afable como suelen ser los sabios-, José María Álvarez, Chema, no me pudo dar más datos, él y yo suponemos que en esta Augusta Emérita tendrían lugar los carnavales romanos. Aquellas saturnales que duraban 7 días, en honor de Saturno en la que liberaba la estatua del dios de la cinta de lana que lo ceñía durante el resto del año para impedirle abandonar Roma. En la ecívitas reinaba una alegría desmesurada, colosal: se suspendían las sesiones del Senado, se cerraban los tribunales, se daba vacaciones a los escolares, se aplazaban las ejecuciones, se concedía la libertada a los prisioneros, se realizaban sorteos de lotería y se permitía la realización de juegos de azar, se celebraban banquetes públicos y se enviaban regalos unos a otros...
En las casas se invertían los papeles, las clases sociales: los esclavos se ataviaban con las ropas de sus amos y estos les servían a la mesa, criticándoles aquellos sin temor al castigo... Precisamente hacia estos días de Febrero, Februarius, saturni dies, celebraban sé las lupercales, festejos en honor de Fauno. Se sacrificaba una cabra -que por cierto no era ministra... -en la gruta de Lupercal. Luego, los lupercos, con las caras manchadas de sangre de las víctimas casi desnudos, echaban a correr por el Palatino golpeando con unas correas a todo aquel que se encontraban y en especial a las mujeres, que lejos de rehuirlos, se presentaban espontáneamente. Pues esta ceremonia estaba relacionada con la fecundidad. Fue con ocasión de una de estas lupercales / carnavales, la del 44 antes de Cristo, cuando Marco Antonio ofreció su corona de Luperco a Julio César, acción que desencadenó la conspiración que acabaría con la vida del César al mes siguiente, cuando los Idus de Marzo... Y, quizás, hasta las Fiestas Florales, tan licenciosas y populares, celebradas de manera especial por las cortesanas, fueron precursoras del carnaval... La gente vestía ropas multicolores, con las que imitaban la policromía de las flores del campo. Llegada la noche se iluminaban las calles para continuar el jolgorio... Aún había romanos por calles. Plazas y bosque cuando salía el sol... Con la caída del Imperio y la invasión bárbara, la fiesta se modificó pero no se extinguió del todo ya que los árabes, a su llegada a Mérida en los primeros años del siglo VIII conocieron la vieja costumbre que adoptaron o siquiera permitieron. Durante toda la Edad Media la fiesta de los Locos fue prolongación de aquellas Lupoercales romanas.
Era un carnaval menos licencioso pero más grosero. Llegó por eso a prohibirse durante el pontificado de Inocencio III, en el siglo XII... Con el Renacimiento también renacieron las fiestas carnavaleras y experimentaron un decidido impulso. Ahí surgió Venecia... El Barroco los convirtió en fiesta espléndida y lujosa; y aunque el cambio de dinastía, en el 1.700, supuso un golpe para los carnavales -sobre todo los castellano/ leoneses-, Carlos III resucitó su celebración... El Carnaval fue, debe ser, aún, una celebración festiva, ruidosa y jocunda que inspiró a las artes plásticas y también a la literatura. El Arcipreste de Hita, en su libro del Buen Amor, plantea, en el primer tercio del siglo XIV, una lucha entre el amor loco y el amor bueno, como Don Carnal y Doña Cuaresma. Don Carnal, el amor loco, apasionado; Doña Cuaresma el amor reglado, según el punto de vista de la religión imperante... En el siglo XV, a finales, el carnaval permanecía arraigado en el pueblo llano y también en el Elitismo literario: Hoy comamos y bebamos y cantemos y holguemos que mañana ayunaremos, (cantaba el pueblo) Carnaval, alegría y confusión. Lo mejor es volverse locuelo, o locuela, y darle gusto al antruejo...
El momento crucial era el martes, ese martes que reivindicaban las Comparsas en el p4, aún no logrado festivo, aunque a la caída del sol se presentía la llegada del Miércoles de Ceniza. En tiempo de Cervantes se recitaba por Castilla y Extremadura: Martes era. que no lunes, Martes de Carnestolendas, Víspera de la Ceniza, Primer día de la Cuaresma. La mujer se viste de hombre, Y el hombre se viste de hembra. Allí va un pobre casado Que lleva un par en la testa: Dos adornos, digo lleva Que le puso su señora. ¡Qué de gritos por las calles! ¡Qué de burlas, qué de tretas! ¡Qué de amores en las tardes Llenan de parejas las eras!... En, fin, en tiempos de Cervantes también cocían habas y es que la jodienda nunca tuvo enmienda... Remataba así Cervantes: ¡Qué de harina por el rostro, Qué de mazas que se cuelgan! Trapos, chapines, pellejos, Estopas. Cuernos, braguetas, Sogas, papeles, andrajos, Zapatos, caretas y escobas viejas.
El Carnaval va los zagales Les ha dado rienda suelta... En el siglo XVII, el Carnaval se muestra exuberante y abigarrado, la fiesta estallaba y los estómagos, también: ¡ Oh loco tiempo de Carnestolendas Diluvio universal de las meriendas!. Feria de quesadillas y roscones, vida breve de pavos y capones, cantaba el pueblo... Un romance decía, en ese siglo XVII, explicando el desfile del carnaval: Venía una escuadra por la plaza con donaire, ofreciéndose a la vista, ridícula, agradable, vestidos de colorado, 37 arrogantes. Delante, 4 maceros disfrazados de salvajes iban abriendo camino para que esta gente pase. Encima unas angarillas llevan los más principales al hombro, a Carnestolendas, galán dispuesto, iba vestido de turco. Con un hermoso turbante... Pero dejemos a Cervantes, a los siglos que siguieron y bajemos a la tierra como dicen que ha hecho el presidente José María Aznar... Leí en una publicación municipal, en el año 90, pocos años después de mi arribada a la capital, en la que se informaba del auge carnavalesco en los años 20 y hasta la guerra civil. La esencia de aquel carnaval eran los bailes de máscaras. Famoso fue Don Manuel Lanza, "Don Nana" que hizo un casino para él solo por discrepancias con los del Casino. Se llamó "El disloque "; luego cinema Moderno y estaba en la calle Romero Leal. Todos querían ir a "El disloque" y cantaban: "Don Nana, ábranos usted El disloque no nos haga ir al Refregón pues si sigue su salón cerrado bacalao, bacalao, bacalao"... Coliseos de estos bailes de máscaras fueron La Tercia, en la calle Los Maestros, la Sociedad Ferroviaria, junto al antiguo museo, el Plata y el Maravillas, así como, naturalmente, el Liceo y el Casino... Ay, aquellos bailes de color que organizaba a beneficio de los pobres Doña María Josefa López de Ayala que se hacían en el Cine María Luisa hasta hace poco tiempo de los modernos carnavales emeritenses...
De ellos, del carnaval que resurgió con la democracia, no digo algo pues el miércoles será presentado el libro sobre 20 años del Carnaval, en la Sala Trajano y no es cuestión de avanzar criterios para la historia, ahí esta ese libro. Y de esa especie de anuario de críticas, con sal y pimienta y hasta acidez que suelen realizar algunos pregoneros, paso. Ya lo hizo el semanario La Capital u lo harán las Comparsas en sus pasacalles y en las revistas que editan. Así que voy a ir terminando... Ah!. Anoche asistí a la conferencia que dio en el Liceo el Sr. Rodríguez Cevallos, Técnico de Emergencias, o algo así y edil. Vi la exposición de los 20 años de carnaval. No tuve tiempo de ver todo. Pero sí hojeé el año 94 y está incompleto...
A la Asociación Cultural Carnaval Romano puedo aportarle algunos documentos que eché en falta porque es dato histórico: la única vez en la historia, que hubo dos pregoneros. Del oficial sale todo; del de las Comparsas, el del pueblo, poco, muy poco. Y era yo. De ahí que aporte estas fotocopias de prensa regional donde sí se hace alusión a mi pregón, incluso con piropos, que no fue el caso del otro que pagó culpas y errores ajenos, también entrego el texto de aquel pregón... No digo más... Bueno iba a comentar el fiasco del Mérida, su desaparición lamentable, pues quien le elevó a la gloria futbolística le enterró, sí aquel que pregonó este carnaval gritando: "Que nadie meta la mano que traigo conmigo el pito y al que meta la mano un penalti yo le pito..." Pues metió, según dicen la mano, la pezuña, la pata, todo... qué pena... Del PP y su postrera asamblea de la que fui testigo, mejor callar. Lo han pintado bien pero obviaron las puñalás, que haberlas las hubo aunque Petrus Acedus, al final cosió las heridas.. Habría que cantarles aquello de: (Pichi) Pepe, que puñalón le pegaste, a tu amigo Pedro Acedo...
Claro que fonéticamente no se advierte si uno se refiere a alguien llamado Pepe a al PP. , cualquiera sabe... De Sánchez Polo, ni hablo. Es "enemigo de" Mérida. De ese ministro que se llama Jaume Matas,. Creo, tampoco. Que venga a bañarse al Albarregas para que se aclare y cumpla. O cuando venga le damos un baño; no estaría mal... De Saponi tampoco hablo. Ni del Cascos. Qué buen coscorrón habría que darle si no viniera el AVE. Le gritaríamos recordando a los ancestros de Publio Carisio": ! AVE CASCOS, LOS EMÉRITOS TE INCREPAN Y DENUNCIAN TU ACTITUD GROSERA CON LA AUGUSTA EMERITA!"... Pero vendrá. Cara tiene para ello... Qué más... De las vacas locas tampoco hablo; ni de las ministras cabras; ni del Felipismo ése que no soy erudito... Hablo de un gran carnavalero, el mejor rey de siempre: el GRAN TOMAS BRAVO, LA YAYA, como le decían en Benidorm, donde actuaba... Y le canto: (Carmen de España) "Yaya de Mérida, le llaman; Yaya de Mérida valiente. Yaya con bata de cola con peinetas y pendientes, No te importe lo que digan porque tú sabes estar no nos faltes ningún año porque tú eres Carnaval"...
Y nos faltó; pero ahí está nuestro recuerdo... al gran TOMÁS BRAVO. Ahora si acabo. Que hoy estrenamos carnaval y esperan muchos días, muchas actividades, mucha calle y la carpa, que prometió la concejala Gloría y estará tras años de ausencia. Poblad las calles y plazas y preñadlas de alegría. El carnaval es un paréntesis de días para olvidar lo incómodo, para respirar a tope el placer de la libertad, para saludar cantando, bailando y saltando a la diosa risa. El único trozo del calendario anual donde el sueño sale de la almohada y se pasea por calles y plazas... Ay, carnaval carnavalero, torbellino de colores, risas, serpentinas, flores, embozo, antifaz, plumero, matasuegras y tambores, danzarines emeritenses... equívoco, burla, juego, bromas, disfraz, amores tragos... Pero tragos buenos y buenos tragos... Cuando echéis un buen trago, recordad el brindis de éste pregonero ahora oficial... ( al otro ya he visto que algunos querían olvidarlo...) Si Dios hubiera hecho de vino el mar... A BEBER; A BEBER Y APURAR, las copas del licor que el vino hará olvidar las penas del amor... Con mi guitarra, mi pito, mi viagra y mi alegría, La caja, el bombo, mi voz y mi disfraz. Hoy soy cigarra que gozo de la vida, Deshecho lo que amarga, derrocho simpatía Gritándole a esta capital que ya es Carnaval. Lo cotidiano asusta y desespera, Pero yo lo disfrazo con esa ironía Que es propia de estas fiestas en la tierra mía: Que hasta de sus pesares sabe hacer su canción. Pero lo dije al comenzar este pregón: No quiero hablar de lamentos Ni herir los sentimientos, queridos pecholatas. Preferí acudir a esta cita Con mi mejor sonrisa y el alma y el corazón en la mano, y en la boca Y os invito ya a gritar: ¡VIVA EL CARNAVAL ROMANO! ¡VIVA MÉRIDA! Por la autoridad que me ha sido conferida: ¡QUE DÉ COMIENZO LA FIESTA...!
